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10 lecciones que aprendí en mis 20

10 lecciones que aprendí en mis 20
abril 16
10:02 2014

Mark Manson, quien se define como autor, emprendedor y entusiasta de la vida, es un escritor con bestsellers en su haber y que disfruta tratando temas complejos de la psicología y cultura humana. Os presentamos sus reflexiones sobre la década que lleva de los 20 a los 30.

En ese momento, iba sin rumbo. Acababa de dejar el conservatorio y de cortar mi largo y enmarañado pelo. Quería marcharme de Texas pero no sabía ni cómo ni a dónde. A veces sermoneaba a gente sobre el crecimiento espiritual que aporta el conocimiento y tenía algunas ideas sobre la teoría de la relatividad y sobre si el universo existía realmente o no. Era inteligente, audaz, arrogante y realmente irritante.

Ahora he llegado a los treinta y estoy feliz de poder decir que soy bastante más responsable y menos pretencioso que en esos días. Terminé mis estudios y después fracasé en negocios y viví en países del tercer mundo.

He construido negocios, estado alrededor del mundo en múltiples ocasiones y me las he arreglado para proveerme una carrera como escritor, algo que nunca podía haber imaginado. En nuestra cultura de gratificación instantánea, es fácil olvidar que la mayoría de cambios personales no ocurren como un evento estático y puntual en el tiempo, sino como una evolución larga y gradual donde difícilmente estamos al tanto de todo lo que nos ocurre.

Es sólo cuando paramos años o décadas después y miramos atrás que podemos identificar los cambios drásticos que han sucedido. Aquí va lo que yo aprendí en mis 20s:

1. Fracasa pronto y a menudo; el tiempo es tu mejor activo.

Cuando eres joven tu mejor activo no es tu talento ni tus ideas, tampoco tu experiencia, pero sí tu tiempo. El tiempo del que dispones te garantiza la oportunidad de tomar grandes riesgos y cometer grandes errores. Dejar todo y viajar alrededor del mundo durante seis años o empezar una compañía para montar una app ideada por ti y tus amigos, o coger tus cuatro cosas y mudarte a otra ciudad a trabajar… son cosas que sólo puedes hacer cuando eres joven, cuando no tienes nada que perder ni que te ate.

Los errores que cometas en esos años serán la base de tus éxitos más adelante, son las mejores lecciones de tu vida. Aprende.

2. No puedes forzar amistades.

Hay dos tipos de amigos en la vida: aquellos que al volver de estar mucho tiempo fuera es como si nada hubiese cambiado y esos otros que al volver todo parece distinto.

Pasé la mayor parte de los últimos cinco años viviendo en un variado número de países. Desafortunadamente, eso significa que he dejado atrás amigos en multiples lugares. Lo que he descubierto en este tiempo es que no puedes forzar una amistad con nadie. Difícilmente podrás predecir qué amigos se quedarán y cuáles no; te sorprenderá comprobar que los que una vez fueron los más cercanos dejarán de estar y que algunos casuales podrán convertirse en los más íntimos. No es culpa de nadie, es la vida misma.

 3. No tienes por qué cumplir todas tus metas.

Pasar las dos primeras décadas de nuestra vida en la escuela nos condiciona y hace que tengamos una intensa orientación hacia los resultados en todo. Te preparas para hacer X, Y o Z y lo consigues o no. Si lo haces, eres genial. Si no, has fracasado.

Aprendí a relativizar. Por supuesto es bueno tener siempre objetivos y un punto al que dirigirse, pero conseguirlos todos o dejar de hacerlo no es realmente lo importante.

A lo largo de los años verás que puedes conseguir quizá un tercio de lo que esperas, quedarte cerca en otro tercio y no llegar ni a plantear nada de lo restante. Pero el camino te hará descubrir lo importante para ti en la vida, y tener las metas, sin obsesionarte, hará que valores el trabajo de pelear por ellas y disfrutar de aquello que finalmente logres.

El verdadero valor casi siempre llega del proceso de intentar y fallar y no tanto del hecho de conseguir.

4. Nadie sabe realmente qué está haciendo.

Hay mucha presión en el instituto y la universidad sobre saber exactamente qué hacer en la vida. Comienza con elegir carrera y entrar a la universidad. Luego elegir una profesión y encontrar el primer trabajo. Justo ahí se convierte en tener un camino claro y escalar posiciones, llegando tan alto como sea posible. Y aquí momento de casarse y tener hijos.

Si te distraes o no sabes qué haces o fracasas en algo parece como si estuvieses arruinando tu vida. Sin embargo, la verdad es que casi nadie tiene idea de lo que hace en sus 20s, tan sólo lo hacen lo mejor posible en lo que es su mejor intuición.

Y eso hace que la gente cambie de carrera, trabajo, industria, familia, orientación sexual o equipo favorito al menos una vez en sus 20s.

Yo no tenía ni idea de hacia dónde iba. Recibo muchos emails preguntando cómo construí mi negocio, cuándo decidí convertirme en escritor, qué plan de negocio tenía. La verdad es que nunca supe nada de esas cosas. Ocurrieron. Presté atención a las oportunidades y actué. La mayoría de ellas fallaron drásticamente. Pero era joven y podía afrontarlas. Eventualmente, sería lo suficientemente afortunado de llegar a hacer algo que me gusta y hago bien.

5. La mayoría de la gente quiere las mismas cosas.

Echando la vista atrás, tuve unos 20 bastante alegres. Empecé un negocio en una industria estrambótica que me llevó a lugares curiosos y me permitió conocer a gente interesante. He estado por todo el globo, pasando tiempo en 50 países. Aprendí algunas lenguas, y me codeé con ricos y famosos así como con los pobres y los desprotegidos, en ambos primer y tercer mundo.

Y lo que he descubierto es que desde una amplia perspectiva, todos somos iguales. Todo el mundo pasa la mayoría de su tiempo preocupándose por la comida, el dinero, su trabajo y su familia- hasta la gente que es rica y está perfectamente servida. Quieren parecer modernos y sentirse importantes –incluso los que ya son modernos e importantes. Todo el mundo está orgulloso de donde viene. Todo el mundo tiene inseguridades y ansiedades que los corroen, sin importar cuán exitosos sean. Todos tienen miedo al fracaso y a parecer estúpidos. Todos quieren a sus amigos y familia aunque muchos también estén muy molestos con ellos.

Los humanos son, a lo largo y a lo ancho, lo mismo. Solo los detalles los hacen diferir. Este origen por aquel. Este gobierno corrupto por aquel gobierno corrupto. Esta religión por aquella religión. Esta actividad social por aquella actividad social. La mayoría de las diferencias que mantenemos como significantes son productos accidentales de la geografía y de la historia. Son superficiales – simplemente diferentes sabores culturales de la misma dominante y cubierta de caramelo humanidad.

He aprendido a juzgar a la gente no por quiénes son, sino por lo que hacen. Algunas de las personas más amables y gentiles que he conocido eran personas que no tenían que serlo conmigo. Algunos de los más odiosos han sido gente que no tuvieron que ser odiosos conmigo. Encontrarás de todo y no sabes con quién estás tratando hasta que pasas suficiente tiempo con esa persona para ver qué hacen, no lo que parecen o de dénde son o a qué género pertenecen, o cualquier otra cosa.

6. Al mundo le das igual.

¿A nadie le importo? Un pensamiento tan aterrador a primera vista se convierte en liberador cuando realmente procesas su significado. Como dijo David Foster Wallace “Dejarás de preocuparte por lo que otros piensas de ti cuando te des cuenta de las pocas veces que lo hacen”.

Tú, yo, y todo lo que hagamos, algún día será olvidado. Será como si nunca hubiese existido. A nadie le importa.

Y en realidad son buenas noticias: significa que no hay razón para dejar de ser quien quieras ser o para arriesgarte a fracasar.

7. El mundo está lleno de extremos; practica la moderación.

Mi vida inmediatamente se volvió un 542% mejor cuando me di cuenta que la información que consumes en internet está hecha fundamentalmente por el 5% de cada extremo de opinión y el 90% de la vida ocurre realmente en la parte silenciosa del medio donde la mayoría de la población vive realmente.

Si uno lee demasiado en internet, puede ser llevado a pensar que la 3ª Guerra Mundial es inminente, que las corporaciones dominan el mundo a través de alguna conspiración, que todos los hombres son violadores (o como mínimo cómplices de violación), que todas las mujeres mienten, que la gente blanca es víctima de racismo inverso, que todos los pobres son unos perezosos y están arruinando el gobierno, y bla, bla, bla.

Es importante retirarse a veces a ese tranquilo 90% y recordarse a uno mismo: la vida es simple, la gente es buena, y los abismos que aparecen para separarnos a veces son solo grietas.

8. La suma de las pequeñas cosas importa mucho más que los grandes hitos.

Recuerdo leer una entrevista a Dustin Moskovitz, el co-fundador de Facebook y compañero de habitación de Mark Zuckerberg. El entrevistador le preguntó qué se sentía al ser parte del fulgurante éxito de Facebook. Su respuesta fue algo como “si por repentino quieres decir quedarte despierto y escribiendo código toda la noche, cada noche durante seis años seguidos diré que se siente estresante y agotador”.

Tenemos una propensión a asumir que las cosas ocurren sin más. Como observadores externos, tendemos a ver sólo el resultado de las cosas y no el arduo proceso (y todos los fracasos) que lleva a él. Pienso que cuando somos jóvenes, tenemos la idea de que tenemos que hacer algo grande que cambie el mundo, de arriba abajo.

Soñamos tan grande porque todavía no nos damos cuenta (somos demasiado jóvenes) de que esas “grandes cosas” están en realidad compuestas por cientos y miles de pequeñas cosas diarias. Bienvenidos a la vida real.

9. No hay que temer al mundo que hay ahí fuera.

Esto se dice todo el tiempo, pero es básicamente cierto. He ido a una decente cantidad de lugares peligrosos tanto en Estados Unidos como fuera. Y cuando se le da una oportunidad a la gente, la mayoría de ellos son amables y serviciales. Si hay alguna parte de consejo práctico que podría dar a todos los veinteañeros, a pesar de las circunstancias es este: busca una forma de viajar y, cuando tengas dudas, habla a la gente, pregúntales sobre ellos, llega a conocerlos. Hay poco o nada negativo y grandes, importantes pros, especialmente cuando aún eres joven e impresionable.

10. Tus padres también son personas.

Y finalmente, quizá la realidad más desilusionante que descubrirás: ver a papá y mamá no como los protectores que siempre fueron en la infancia o aquellos aburridos y autoritarios de la adolescencia, sino como iguales, personas vulnerables que lo hacen lo mejor posible.

Una de las primeras tareas de la madurez será descubrir aquello que queda por pulir y mejorar, aceptando que los padres son también personas y lo hicieron lo mejor posible.

Fuente: BusinessInsider
Imagen de Flickr por Thomas

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Juan Luis Rey

Juan Luis es licenciado en Matemáticas por la Universidad de Granada donde también obtuvo un Master en Educación. Actualmente trabaja como analista en el área de Risk Management dentro de Accenture Management Consulting.

2 Comments

  1. Gustavo Eguren Gutiérrez
    Gustavo Eguren Gutiérrez mayo 12, 11:27

    Un artículo muy inspirador. Muchas gracias por compartirlo.

    Parece un tanto utópico debido a lo fuerte que nos atan los convencionalismos sociales. Creo que es importante leer artículos como el tuyo para tratar de ampliar nuestra perspectiva.

    Muchas gracias otra vez.

    Reply to this comment
  2. Mariana Ojeda
    Mariana Ojeda noviembre 28, 19:05

    Siento que un simple “gracias” no es suficiente para agradecerte. Tengo 22 años, apenas estoy por titularme, y me siento perdida, desesperada, totalmente en crisis. Pero tu perspectiva me motivó mucho. De verdad gracias.

    Reply to this comment

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