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La discriminación laboral femenina por el subconsciente

La discriminación laboral femenina por el subconsciente
noviembre 12
01:32 2014

Según una investigación realizada por el profesor Luigi Zingales de la universidad de Chicago, los empleadores masculinos y femeninos son más reacios a contratar mujeres en puestos de trabajo de índole matemática.

En 2005 Larry Summers, presidente de la Universidad de Harvard, realizó un discurso donde concluyó que los hombres eran superiores a las mujeres en estudios STEM. La conferencia causó una gran polémica pues sugería que eran las diferencias “innatas” entre ambos géneros las que determinaban la habilidad superior de los hombres sobre las mujeres en cuestiones matemáticas.

La otra cara de la moneda

Larry Summers no obstante también planteó una diferenciación menos explorada sobre la causa de sus conclusiones. Este planteamiento enfocaba las dificultades de desarrollo académico y obtención de empleo de las mujeres basándose en la discriminación empresarial; pues la industria juzga de forma negativa las competencias femeninas respecto a un hombre en las matemáticas y la ingeniería. Esta situación, a su vez, deriva a un menor interés por las mujeres de obtener titulaciones en campos de estudio orientados al STEM.

Luigi Zingales, junto con Ernesto Rubén de la Columbia Business School y Paola Sapienza de la Escuela de Administración Kellogg de la Universidad Northwestern, diseñaron una serie de experimentos de laboratorio para medir cómo los empleadores potenciales respondían ante mujeres candidatas a obtener puestos que implicaban el uso de la aritmética en su labor profesional.

En cada experimento, los investigadores pidieron a 45 sujetos masculinos y femeninos sumar la cantidad máxima de operaciones con cuatro números de dos dígitos cada uno en un tiempo límite de cuatro minutos. Esta tarea se escogió específicamente por las fuertes evidencias que concluyen que tanto hombres como mujeres desempeñan esta tarea con resultados igual de óptimos. Posteriormente los investigadores designaron como candidatos a dos sujetos del grupo, un hombre y una mujer, e hicieron que se reunieran con los empleadores.

Los candidatos fueron informados de que si eran contratados durante el proceso tendrían sueldos más altos, mientras que los empleadores recibirían mayor retribución si contrataban a aquellos sujetos más cualificados (los que obtuvieron la nota más alta durante la prueba de aritmética).

Las fases del experimento

En la primera fase de la prueba se reunió a los candidatos y los empleadores en la misma sala, con la única intención de que estos últimos observaran a sus aspirantes. Zingales y sus colaboradores descubrieron que los empleadores, tanto masculinos como femeninos, eran el doble de propensos a contratar a un hombre que a una mujer con el único factor determinante de su apariencia física.

En la segunda fase, tras la realización del test aritmético, los aspirantes tuvieron la oportunidad de vender sus cualidades mediante una conversación muy breve. Los investigadores denominaron esta parte del experimento como “charla barata“, donde los candidatos podían presumir incluso de habilidades que no tenían,. Los candidatos masculinos tendieron a inflar sus habilidades mientras que las mujeres en esta fase mostraron una actitud humilde en la que auto-subestimaban sus capacidades. Los investigadores observaron que los empleadores aumentaron el sesgo entre hombres y mujeres decantándose por los primeros.

Los riesgos de contratar sin resultados fehacientes

El estudio mostró que los empleadores tenían una predisposición mayoritaria a contratar a los hombres incluso antes de recibir datos y pruebas sobre los rendimientos de los candidatos, basando estas preferencias únicamente en su apariencia y una “charla barata”.

Según el estudio, la contratación de candidatos menos cualificados está fuertemente asociada con el sesgo de género. Un caso neutral respecto a la evaluación de los sexos es que tanto los hombres como las mujeres obtenían empleos a pesar de estar menos cualificados que sus competidores. Sin embargo, los experimentos mostraron que las malas decisiones en favor de un candidato masculino se producían un 14% más que las malas decisiones en favor de una mujer, sin importar el escenario laboral. No obstante el coste para las mujeres es mayor, pues cuando los empleadores potenciales sólo conocían el sexo del participante, las ganancias de las candidatas fueron un 19,4% inferior a la de sus homólogos masculinos.

Los hallazgos sugieren que la discriminación es una razón integral para el bajo número de mujeres en las carreras de STEM. Esta prueba aún no se ha realizado fuera de un laboratorio, pero los datos apuntan a que ésta situación se da entre los empleadores de todo el mundo.

El patrón muestra que las empresas eligen candidatos masculinos menos cualificados sobre los femeninos más preparados, hecho que deriva a que las mujeres estén perdiendo muchas posibilidades de desarrollarse en carreras de STEM debido a esta “contratación de sesgos”.

La discriminación del subconsciente

El hallazgo más destacable para los investigadores es que tanto los hombres como las mujeres discriminan al sexo femenino sin “darse cuenta” de que lo están haciendo. Todos los participantes en la investigación realizaron una prueba de asociación implícita mediante pruebas en un ordenador. Este examen consistía en pasar palabras e imágenes que los individuos debían categorizar. La velocidad con la que se terminó la prueba, a menudo menos de un segundo por imagen para cada pareja, reveló pensamientos intrínsecos de los participantes que denotaban ciertos prejuicios que los investigadores atribuyen a acciones subconscientes.

Según los investigadores, los hallazgos sugieren que las nuevas políticas contra la discriminación deben ser diseñadas e implementadas para cambiar la percepción de los individuos que se dan de forma subconsciente e interiorizada y así evitar conclusiones precipitadas; pues la discriminación según su estudio parece ser resultado de un comportamiento inconsciente y no tanto un tema de concienciación.

Estos estudios aportan nuevos puntos de partida ante un problema que sigue vigente en la sociedad actual. Entre otros ejemplos discriminatorios encontramos que la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres es evidente y, sin embargo, los estudios sociológicos apuntan a que los individuos están más concienciados que nunca respecto a la igualdad de ambos géneros. El hecho de que en ocasiones el subconsciente unido a las decisiones poco reflexionadas pueda ser un factor determinante a la discriminación laboral es una perspectiva poco explorada que quizás ayude a entender mejor el comportamiento de nuestra sociedad.

Fuentes: CHICAGOBOOTH

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Luis Gude

Luis Gude cursa un Grado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Colabora en diferentes medios y plataformas entre los que destaca el magazine de humor Criaturas 2.0 de Inforadio.

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