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El gran proyecto de la integración europea. ¿Qué sabemos de los comienzos?

El gran proyecto de la integración europea. ¿Qué sabemos de los comienzos?
febrero 28
06:43 2013

Cada día leemos titulares sobre Europa y la Unión Europea: “Acuerdo comercial de Perú con UE entrará en vigor el 1 de marzo”, “Bruselas dice que el fallo de Islandia no afecta a la UE”, “La Unión Europea podrá corregir los presupuestos nacionales”, “La confianza del consumidor sube en Europa”, y escuchamos hablar, desde hace años, de la llamada Europa de las dos velocidades. Sin embargo, ¿qué sabemos de los comienzos de la Unión Europea y de aquellos que pusieron los primeros cimientos?

Esta larga entrada está dedicada a ese gran proyecto que es la integración de Europa. Pocas veces (o quizá nunca) somos conscientes de lo que supone la Unión Europea y la Unión Monetaria Europea. Conocer el origen y el proceso de integración europeo puede ayudarnos a entender mejor el presente.

El gran proyecto de la integración europea

En la obra Carácter y destino en Europa, Salvador Madariaga expresa: “Unidad, tallo; variedad, ramos; calidad, flor; gusto, aroma – tal es el árbol que simboliza el espíritu de Europa” (Madariaga, 1980: 220). No existe una cultura común para toda Europa; sin embargo, podemos afirmar que sí hay unas raíces compartidas por todos los pueblos europeos, diferentes a las de otras civilizaciones, que hacen peculiar al continente. Podríamos hablar, pues, de un sustrato europeo desde el que se partió para el desarrollo de cada una de las regiones europeas, las cuales fueron diferenciándose unas de otras.

Para poder entender bien los procesos llevados a cabo en el continente europeo durante más de medio siglo, debemos diferenciar entre procesos integradores y procesos unificadores. La unificación hace referencia a los intentos de dominio de unos pueblos europeos sobre otros, fundamentalmente mediante el uso de la fuerza. Por su parte, la integración alude a la búsqueda de un objetivo común con un fondo de armonía y cooperación, y teniendo siempre presente la paz y la prosperidad.

ANTECEDENTES

Hasta el siglo XX

Durante la Edad Media, los estados cristianos de Europa luchaban y se aliaban contra la invasión espiritual islámica que llegaba de Oriente. Se observa de este modo como ya entre los siglos XII y XIV existían signos de integración. Hasta el siglo XVI hubo numerosos autores con ideas europeístas que aludían a ella en sus obras: Dante, el Papa Pío II, Erasmo de Rotterdam y Nicolás Maquiavelo, entre otros.

Consolidado el Renacimiento, la idea de una Europa unida quedó en un segundo plano a causa de La Reforma Protestante (siglo XVI), que dividió a los cristianos en católicos y protestantes, con lo que su ansia de unión global quedó reducida; y, por otra parte, en el ámbito político, por las aspiraciones nacionalistas.

Durante los siglos XVIII y XIX fueron muchos los autores que defendieron en sus obras una Europa unida, que buscaban la prosperidad de los pueblos, acompañada de la paz y de una defensa común ante amenazas del exterior.

Comenzó así la idea de europeísmo con una naturaleza cristiana, adquiriendo después un fondo pacifista y político-social. Pero no fue hasta el siglo XX cuando se empezó a materializar este concepto de integración en Europa.

Primera mitad del siglo XX hasta la II Guerra Mundial

Tras la I Guerra Mundial (1914-1918) surgió un nuevo orden político y económico, en base a los cuales aparecen de nuevo los intentos europeístas, cuya percepción se había visto truncada por el enorme conflicto bélico acontecido.

Pero era necesario algún organismo que se encargara de garantizar el cumplimiento de los tratados de paz y el respeto por las fronteras diseñadas por éstos. Como consecuencia de esta necesidad, el 28 de abril de 1919 se creó la Sociedad de Naciones. Ésta llevó a cabo un proyecto que acabó añadiéndose como Pacto al Tratado de Paz de Versalles que marcó el fin de la I Guerra Mundial.

La Sociedad de Naciones tuvo como funciones, entre otras, la prevención de la guerra mediante la limitación de armamentos y asegurando el respeto a la integridad territorial de los miembros; además, se le adjudicaron funciones relativas al trabajo y condiciones salariales, droga, esclavitud, etc. Esta organización se disolvió oficialmente el 19 de abril de 1946. Sin embargo, ya se consideraba disuelta desde que abandonó una acción contra la guerra, aunque continuó llevando a cabo ciertas funciones que le correspondían durante los siete primeros meses de la II Guerra Mundial. Muchas has sido desde entonces las críticas a la Sociedad de Naciones, ya no sólo por no cumplir de un modo adecuado con su función, sino por haber excluido desde un principio a Alemania -perdedora de la I Guerra Mundial-, dando a entender que se trataba de una organización de vencedores.

Muchos son los nombres que destacan como europeístas del período. Uno de los dos más notables, sin duda, fue el conde Coudenhove Kalergi (1923), creador de la “Unión Pan-Europea”, cuyo objetivo último era la reivindicación activa de la creación real de los Estados Unidos de Europa. El centro de sus preocupaciones fue la reconciliación franco-alemana, idea sobre la cual también se construyen las propuestas del Plan Schuman. El otro más destacado fue Aristid Briand, que reivindicaba un acercamiento a Alemania y una revisión del propio Tratado de Versalles.

Tras la II Guerra Mundial

Acabada la guerra, Europa quedó débil, traumatizada por la experiencia de haber vivido el conflicto más salvaje de la historia, necesitada de una alianza entre países que confiaban en la democracia como sistema legal y atemorizada por la posibilidad de que el régimen totalitario comunista soviético se extendiera hacia el occidente del continente –como más tarde sucedió-.

Winston Churchill, oficial, corresponsal de guerra y, más tarde, diputado y ministro británico, pronunció un discurso en Zurich en el que afirmaba que el único y evidente remedio para la calamitosa situación tras el conflicto mundial era la unión firme de los pueblos de Europa. Ello incluía, por supuesto, la reconciliación franco-alemana, el perdón y la reconciliación entre vencedores y vencidos. Menos realista fue la propuesta de la Unión Europea de Suiza: la unión a todos los países europeos como federación y, a la postre, la unión mundial.

CONTEXTO HISTÓRICO

Entre 1945 y 1950, se había acrecentado la división entre las potencias aliadas de la II Guerra Mundial. Los aliados occidentales, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, vieron en la Unión Soviética un posible enemigo para las democracias occidentales. Estadounidenses y británicos, que proponían el rearme alemán, invitaron a Francia, que se mostraba reacia a ello, a buscar posibles planes para integrar a Alemania con los aliados occidentales y evitar, así, que Rusia se hiciese con ella.

Jean Monnet propuso al ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman y al canciller alemán Konrad Adanauer la concreción de un interés común entre sus países y, en base a ello, gestionar bajo el fuero de una identidad independiente, el mercado del carbón y del acero. Este proceso integrador dio su paso definitivo con la Declaración que Schuman pronunció el 9 de mayo de 1950, en la que propuso situar la producción franco-alemana del carbón y del acero bajo una alta autoridad común, abierta a la participación de los demás países europeos. Se eligieron esos sectores porque eran de suma importancia para los programas de reconstrucción del continente durante la postguerra -eran sectores que presentaban crisis- y se intentó complementar las producciones de ambos países para evitar tener que importar dichas materias de regiones extranjeras en épocas de déficit de los mismos. Italia y Belelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) respondieron de forma positiva al llamamiento.

Como consecuencia de la Declaración de Schuman, se firmó el Tratado de París (entró en vigor en 1952), cuya duración prevista era de cincuenta años. Se otorgó por primera vez en la historia competencias políticas a una organización supranacional: la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA). La CECA fue considerada como un ejemplo de cooperación entre naciones y de aplicación práctica para la construcción y preservación de la paz europea. Europa por fin tendía a sus regiones la posibilidad de trabajar juntas, pero sin abandonar sus propios destinos como países independientes.

En 1955, el político belga Paul-Henri Spaak propuso una extensión material de la CECA. A él y a su grupo de trabajo se les encargó el estudio de la creación de una Comunidad Económica Europea y una unión en el campo de la energía nuclear. Redactaron un informe que se aprobó y que proponía la creación de una Unión Aduanera y de una Comunidad Europea de la Energía Atómica. En 1957, se firmaron los Tratados de Roma que constituían la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA, EURATOM). En 1965, con la firma del Tratado de Fusión de los Ejecutivos de las Comunidades Europeas se empieza a hablar de una única Comunidad Europea (CE).

Está Comunidad fue aumentando en número de miembros: Dinamarca, Irlanda y Reino Unido (1972); Grecia (1979); España y Portugal (1985); Austria, Finlandia y Suecia (1995); Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia y República Checa (2003); y Bulgaria y Rumanía (2006). La aprobación del Acta Única Europea (1986) supondría la primera gran modificación global de los tratados de París y de Roma. Pretendía promover mejores condiciones laborales para los trabajadores y establecer políticas comunes de investigación y desarrollo tecnológico y de protección al medio ambiente.

La segunda modificación se encontraría después, en 1992, en el Tratado de Maastricht o de la Unión Europea. Sus objetivos eran: crear una Unión Política y una Unión Económica y Monetaria (UEM), establecer una Política Exterior y de Seguridad Común, y la cooperación en asuntos de justicia e interior. Se incluyó, después, en ese último tratado una cláusula de revisión: el Tratado de Ámsterdam (1997). Éste tenía los propósitos de reforzar las distintas políticas, ofrecer mayor protección y respeto a los derechos humanos, y adoptar el principio de desarrollo sostenible.

Con el Tratado de Niza (2000) se crean una Constitución Europea e instrumentos de seguridad y defensa. La Constitución Europea no se llegó a ratificar en todos los países miembros, pues se empezaron a presentar resultados negativos por parte de países que ya la habían sometido a ratificación. Se abandonó entonces la idea de la constitución y se volvió a los tratados, aprobándose el Tratado de Lisboa.

PERSONAJES CLAVE: LOS “PADRES” DE EUROPA

Schuman

La Comisión Europea publicó en su página web una sección de fotografías titulada los padres Europa, en la que incluyó a las siguientes personalidades:

Konrad Adenauer

Fue el primer canciller de la República Federal de Alemania. Mantuvo una política destinada a incorporar, tras la II Guerra Mundial, a la República Federal al bloque occidental. Apoyó la creación de las Comunidades Europeas.

Alcide de Gasperi

Dirigió Italia durante ocho gobiernos sucesivos. Consiguió que Italia se adhiriera a la CECA y apoyó el proyecto de la Comunidad Europea de Defensa. Llegó a ser presidente de la Asamblea Parlamentaria de la CECA.

Robert Schuman

Construyó, mientras ocupaba el puesto de ministro de Asuntos Exteriores francés y en colaboración con Jean Monnet, la llamada Declaración Schuman. Llegó a ser elegido por unanimidad Primer Presidente de la Asamblea de las Comunidades Europeas. Existe hoy una fundación que lleva su nombre dedicada a difundir sus ideales europeístas.

Jean Monnet

Acabada la II Guerra Mundial, dirigió la elaboración de un plan de equipamiento y reconstrucción económica que permitió a Francia relanzar el crecimiento. Participó en la creación del Consejo de Europa en la Haya y la elaboración de la Declaración Schuman. Fue el primer presidente de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA).

Joseph Bech

Fue el firmante, por parte del Luxemburgo del Tratado por el que se estableció el BENELUX. Este político luxemburgués impulsó activamente el proceso de integración europea.

Paul-Henri Spaak

Político blega, fue uno de los iniciadores de la Unión Aduanera de Bélgica con los Países Bajos y Luxemburgo (BENELUX).

Sicco Mansholt

Fue miembro de la Comisión Europea, vicepresidente de la Comisión de la CEE, continuó siéndolo de la Comisión de las Comunidades Europeas. Estuvo a cargo de la puesta en marcha de la PAC. Son su Plan Mansholt buscaba la reducción del número de trabajadores agrícolas y la formación de unidades de producción agrícola más amplias y eficientes.

Pierre Werner

Como Primer Ministro de Luxemburgo, presentó al Consejo y a la Comisión un informe que recoge las bases del camino hacia la Unión Económica y Monetaria.

Lorenzo Natali

Fue vicepresidente de la Comisión Europea, contribuyó de modo decisivo al éxito en las adhesiones de Grecia, España y Portugal y puso en marcha medidas parala protección del medio ambiente y la calidad de vida.

Jacques Delors

Fue presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en el año 1989.

REFLEXIÓN FINAL

El proceso de integración europea no fue, como cabía esperar, un proceso fácil. El contexto en el que se desarrollaban las negociaciones, marcado profundamente por las dos grandes guerras mundiales y sus devastadores efectos, no era favorable y dificultó mucho la labor.

Una Europa unida es lo que proclamaban y lo que, con los años, se ha ido consiguiendo, llegando a alcanzar la Unión Monetaria Europea. No obstante, hay que seguir esforzándose y luchando por la paz, por la unión, por el respeto y por la imposición de los derechos humanos, y especialmente ahora, en un contexto en que la confianza y la unión pueden sufrir debilidades dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales.

La Unión Europea es el proceso integrador económico más importante del mundo. Sin hombres que, como Schuman, declararon sus ideales y propusieron planes como medio para alcanzar fines pacíficos y que favorecieran al continente en su conjunto sin perjudicar a los países que lo forman individualmente, no habríamos llegado al punto en el que estamos. Todavía queda un largo camino por recorrer, pero no más largo que el que ya hemos caminado. No sólo la cooperación entre todos los países a nivel gubernamental es fundamental, sino que también nosotros, los ciudadanos, jugamos un papel importante a la hora de progresar en este ámbito (no olvidemos la ratificación de tratados, por ejemplo).

Hay que seguir empujando a Europa hacia una situación de paz internacional y acuerdos positivos que beneficien a todos en cada uno de los ámbitos posibles, desde la producción de bienes hasta la educación, pasando por políticas sociales, fiscales, etc. No olvidemos el discurso de Winston Churchill de 1946 y su rotundo final: “¡Levantemos Europa!”


Recursos bibliográficos y digitales empleados:

– COMÍN, F. y LLOPIS, E. (2005): Historia económica mundial, siglos X-XX (Barcelona, Crítica).
– MADARIAGA, S. de (1980): Carácter y destino en Europa (Madrid, Espasa-Calpe).
– REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2006): Diccionario esencial de la lengua española (Madrid, Espasa Calpe).
VALLE, J.M. (2006): La Unión Europea y su política educativa. Tomo I: La integración europea (Centro de Investigación y Documentación Educativa CIDE).
– Recursos digitales: europa.eu, bde.es, robert-schuman.org


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Laura Ortiz de Felipe

Consultora financiera, licenciada en ADE y máster en Finanzas y Desarrollo Directivo, curiosa, lectora y escritora.

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Laura Ortiz de Felipe

Laura Ortiz de Felipe

Consultora financiera, licenciada en ADE y máster en Finanzas y Desarrollo Directivo, curiosa, lectora y escritora.

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4 Comments

  1. Lluís
    Lluís febrero 28, 15:46

    buenísimo artículo

    Reply to this comment
  2. Maria_lololia
    Maria_lololia marzo 03, 00:32

    Muy interesante!

    Reply to this comment
  3. Michael Grant
    Michael Grant marzo 11, 23:44

    Me gusta mucho este articulo. Muy interesante este estudio sobre los origenes, y sobre todo al nombrar a los personajes historicos mas releventes, y que no todos conocemos.
    Muy valiente la autora por su apuesta pro-Europa. En estos tiempos de tanta polemica «pro» o «anti» Europa, es de agradecer que alguien se manifieste claramente.

    Enhorabuena, Laura Ortiz.

    Reply to this comment

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