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Demostrado, las experiencias nos hacen más felices que las cosas

Demostrado, las experiencias nos hacen más felices que las cosas
abril 14
09:41 2015

Todos, de una forma u otra, dirigimos nuestras decisiones y actos hacia la consecución de la felicidad. Hay quienes prefieren dejarse guiar por el impulso y el riesgo, y quienes por el contrario buscan pisar sobre seguro y ordenar su caja desastre antes de decantarse por algo. Proyectar los pensamientos únicamente hacia el coste de oportunidad alimenta el mantenimiento de nuestro equilibrio, en declive de la experiencia de nuevas y gratificantes emociones.

Hay economistas que piensan que la felicidad es el mejor indicador de la salud de la que goza una sociedad, y la riqueza de ésta influye, aunque no se puede decir que positivamente, en las asociaciones que unen los conceptos de riqueza y felicidad. Aunque siempre se ha dicho que ‘el dinero no da la felicidad’, el alto nivel de consumo parece indicar lo contrario. Aumenta la tendencia del gasto en bienes físicos porque se piensa en el beneficio de un disfrute más prolongado en el tiempo, ya que durará más que una experiencia pasajera, como un viaje o un concierto. Si eres de los que prefiere invertir en bienes palpables de los que no separarte en años, puede que estés tomando el camino contrario a la felicidad.

La búsqueda irracional de compra deja una recompensa emocional pobre

Las últimas investigaciones realizadas por la Universidad Estatal de San Francisco, dicen que la clave para vivir feliz es generar recuerdos a base de experiencias y no comprando de forma compulsiva. Numerosos estudios y experimentos demostraron que poseer demasiados objetos nos genera una necesidad que puede desembocar en ansiedad y estrés. Los resultados coinciden en que las personas que tienen como hábito la búsqueda irracional de compra de nuevos objetos, obtienen una recompensa emocional inapreciable.

Según el estudio, publicado en “Journal Positive Psychology”, la satisfacción por adquirir un bien material es completamente pasajera, contraria al pensamiento de durabilidad que nos impulsa a su compra. Se trata de una sensación de felicidad a corto plazo. Sin embargo, las experiencias que generan recuerdos perdurables favorecen a la felicidad a largo plazo. En el sentido opuesto a la creencia de que tales experiencias duran menos y por tanto las disfrutamos durante menos tiempo, las experiencias no materiales nos mantienen felices por un período de tiempo mayor y con una intensidad más fuerte. Nuestra memoria nos acerca cada cierto tiempo las pericias de un viaje, una escapada con amigos o un concierto, y evocamos las emociones que en ese momento sentimos. Los científicos han demostrado que no importa cuánto tiempo atrás haya tenido lugar la experiencia, ya que nuestra memoria es capaz de recordar cada detalle.

Además, los expertos han determinado que cuando se adquiere un objeto determinado, se tiende a devaluarlo inmediatamente después de su compra. Se entra de esa forma en un bucle de necesidades creadas a partir de las que en pocos meses resultan haber quedado obsoletas. El Dr. Thomas Gilovich, profesor de psicología en la Universidad de Cornell y estudioso de las relaciones entre el dinero y la felicidad, ha afirmado en unas declaraciones publicadas por el diario Elite Daily, que “uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación”. “Compramos cosas para hacernos felices, y tenemos éxito, pero sólo por un tiempo. Las cosas nuevas son emocionantes al principio, pero luego nos adaptamos a ellas”.

Más experiencias compartidas y menos consumo compartido

Otro punto a favor de las experiencias, es que compartidas nos acercan mucho más a otras personas que el consumo compartido. Cuando lo que se comparte es una vivencia, la conexión que se crea es mayor que si se comparte un objeto.
A pesar de todo, el experto no critica la adquisición de objetos de forma esporádica, y como forma de felicidad puntual. El carácter negativo aparece cuando la práctica es constante. “No estoy diciendo que nunca se deba recompensar un par de semanas difíciles con un traje nuevo y una noche de fiesta, pero nuestras mayores inversiones deben ir hacia experiencias que crean recuerdos para toda la vida en lugar de un elemento que va a perder su factor “cool” dentro de unos años”, finaliza.

La moraleja del cuento es, en última instancia, que el camino del exceso de consumo puede alejarnos de aquello en lo que realmente debemos invertir, la felicidad.

*Referencia: FastCompany

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Patricia García Álvarez

1 Comment

  1. Diego
    Diego abril 24, 19:16

    Me gustó

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